"Apenas practiqué un pequeño agujero para meter una cámara y comprobar las dimensiones de la colmena, una de ellas salió por la abertura y empezó a picarme", relata Hegedus, que afirma que si lo normal es que en estas operaciones reciba 5 ó 6 picaduras, en esta ocasión recibió más de 30, recoge Gizmodo.
El proceso de retirada del panal duró unas cinco horas. La ley estatal no permite su aniquilación y no se podían trasladar a una granja de miel por su agresividad, por lo que finalmente, la colmena fue instalada en una zona remota de montaña.